Carta de tu mejor amiga, tú misma
Hola,
Soy tu amiga más fiel. La que nunca se va. La que aparece cuando te miras al espejo y, durante un segundo, apartas la mirada. Soy esa voz que a veces llamas conciencia, aunque en realidad soy tú y esto es lo que deberías leer antes de empezar otra dieta.
Te he visto prometerte, una y otra vez, que “del lunes no pasa”. Que ahora sí. Que esta dieta será la definitiva. Que esta vez lo harás perfecto. Empiezas con disciplina, con listas, con normas estrictas, con renuncias que sostienes mientras sigues llevando el peso del trabajo, de la casa, de las expectativas, de querer hacerlo todo bien.
Y también te he visto, días después, agotada. Frustrada. Abriendo la nevera no por hambre, sino por cansancio. Buscando en un cajón ese pequeño capricho que compense lo que no te estás permitiendo sentir. Luego llega la culpa. Luego el reproche. Luego el “ves, no tienes fuerza de voluntad”. Y el ciclo vuelve a empezar.
Por eso hoy quiero decirte algo claro: detente.
Cada vez que entras en ese bucle, tu biología se estresa el doble. Nuestro cuerpo no entiende de castigos ni de promesas de lunes. Entiende de amenaza.
Y cuando percibe amenaza, aunque sea en forma de autoexigencia constante, activa el modo defensa: eleva el cortisol, altera el apetito, favorece la retención, dificulta el descanso y bloquea el metabolismo. No es que estés fallando. Es que tu sistema nervioso está saturado.
Hay muchísima información sobre estrógenos, cortisol y metabolismo. Tanto que aburre. Pero lo esencial es sencillo: cuando te fuerzas a ser quien no eres, tu cuerpo responde con resistencia. Cuando te impones disciplina desalineada contigo, el estrés interno se multiplica. Y el resultado no es transformación, es frustración.
Quiero preguntarte algo que sabes responder, aunque no siempre te escuches: ¿estás durmiendo suficiente? ¿Cómo te hablas cuando te equivocas? ¿Vives en piloto automático? ¿Tienes espacios de calidad para ti o solo sobrevives? Antes de iniciar otra dieta, quizá deberías revisar esto.
No te estoy riñendo. Eso ya lo haces tú sola con bastante eficacia. Te estoy invitando a mirarte con honestidad. Cuando te pongas frente al espejo y veas ese michelín o esa arruga que tanto te incomoda, pregúntate primero cómo estás de verdad. Qué necesitas. Qué estás sosteniendo en silencio.
¿Te resuenan estas palabras? ¿Te preguntas qué aporta realmente este artículo?
Si dudas de que tenga base científica, déjame darte dos referencias claras y una recomendación para empezar a escucharte de verdad.
La neurociencia lleva décadas demostrando que el cerebro es plástico. Investigaciones cómo la de Barbara Fredrickson muestra que los estados emocionales sostenidos influyen en nuestros circuitos neuronales y en la respuesta hormonal. Cómo te hablas impacta en tu fisiología.
Además, estudios sobre dietas restrictivas, como los analizados por Traci Mann, confirman que sin cambios de hábitos reales el efecto rebote es frecuente. No es debilidad: es adaptación biológica.
Tu cuerpo no te sabotea, te protege.
Si te preguntas por dónde empezar, quizá sea momento de apoyar tu regulación hormonal y metabólica con un complemento específico como OlympHia, formulado para acompañar esta etapa.
Y, sobre todo insisto, empieza a tratarte con más coherencia y menos culpa.















