La inflamación se ha convertido en una palabra omnipresente en el mundo de la salud. La escuchamos asociada al cansancio, a la digestión pesada, al estrés, al aumento de peso o a dolores difusos. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a preguntarnos qué significa realmente estar inflamados y, sobre todo, por dónde empezar a abordarlo. Inflamación: ¿por dónde empezar a tirar del hilo?
No toda inflamación es negativa. De hecho, es un mecanismo esencial del sistema inmune para protegernos y reparar tejidos. El problema aparece cuando esa respuesta inflamatoria se mantiene activada en el tiempo, sin una causa aguda clara. Es lo que se conoce como inflamación sistémica de bajo grado o inflamación silenciosa.
Este tipo de inflamación no suele dar la cara con síntomas evidentes ni con análisis alterados. Se manifiesta de forma más sutil, a través de señales como:
- Fatiga persistente
- Sensación de inflamación general
- Digestiones pesadas
- Niebla mental
- Menor capacidad de recuperación frente al estrés
Son mensajes que el cuerpo envía cuando percibe que el entorno interno está desbordado o mal regulado.
Cómo aumentar la eficacia de los antiinflamatorios naturales
Ante estas situaciones, es habitual recurrir directamente a sustancias antiinflamatorias como la cúrcuma, la boswellia o la PEA. Y no es una mala elección: pueden ser de gran ayuda.
Sin embargo, cuando hablamos de inflamación de bajo grado, el problema no suele estar solo en la inflamación en sí, sino en lo que la está sosteniendo.
Desde una visión integrativa, la inflamación silenciosa se apoya principalmente en tres ejes:
- Un terreno ácido-mineral alterado, consecuencia de una alimentación pobre en minerales y un estilo de vida exigente.
- Una carga metabólica y tóxica mal gestionada, que sobrecarga órganos clave como el hígado.
- Una regulación inmune poco eficiente, donde el sistema defensivo permanece en alerta constante.
Por eso, antes de intentar “apagar” la inflamación, conviene ordenar el terreno. Dar al cuerpo los recursos básicos para recuperar su capacidad de autorregulación suele ser el primer paso más eficaz y sostenible.
Tres pasos para empezar a desinflamar
Su fórmula aporta minerales clave que apoyan el equilibrio ácido-base, una base fundamental para una correcta regulación inflamatoria.
Disuelve el contenido del cacito dosificador en agua (250–500 ml, según preferencia) y tómalo entre comidas.
Hephatic Care · limpieza hepática suave (25 días)
Su fórmula con L-metionina, NAC, cardo mariano, alcachofa, rábano negro, zinc, brócoli, ajo y vitaminas del grupo B actúa como apoyo hepático y metabólico.
Ayuda a descargar el terreno interno y a mejorar la gestión de toxinas y subproductos metabólicos, contribuyendo indirectamente a reducir la carga inflamatoria de bajo grado.
Disuelve un tapón dosificador en unos 250 ml de agua, preferiblemente por la mañana.
El zinc y el cobre, en forma de bisglicinato, actúan como un dúo regulador.
Contribuyen a la regulación de la respuesta inflamatoria y al mantenimiento de la integridad de las barreras celulares. El cobre actúa como cofactor esencial para preservar el equilibrio mineral durante su uso continuado.
Tomar de 1 a 2 cápsulas al día, preferentemente con la cena.
Mantener este enfoque durante unas cuatro semanas permite darle al cuerpo el espacio que necesita para reorganizarse. A partir de ahí, cualquier otro apoyo antiinflamatorio que se incorpore suele resultar más eficaz.

















